Junio 2003
N° 5/ AÑO I
  Como todos los meses, nos complacemos en presentar la quinta edición de nuestro boletín electrónico.
 

Foncodes transfirió mas de 5 mil obras en todo el país.

Foncodes y Pronaa convocan al primer encuentro de alcaldes de la Región Ayacucho.

Población de Maras cuenta con servicio de agua potable.

Pangoinos dejaron las velas por energía eléctrica.

Brigadistas del programa "A Trabajar Rural" de Foncodes cuentan con Seguro Integral de Salud.


     
 

Informe

Pobladores mejoran camino a zona arqueológica de Queneto.

El vivificante efecto del agua no se ve por ningún lado. La árida explanada llega hasta la base de los cerros y está salpicada por rocas de diverso tamaño. Queneto parece un paraje lunar pero por telúrica ironía, está en Trujillo, a hora y media al sur de la Capital de la Primavera.

No siempre fue así. Hay un castillo de adobe que permite ver todo el Valle de Virú, desconocidos artistas eternizaron sus impresiones en enigmáticos petroglifos y algunas esculturas de piedra de gran altura. Son huellas de una desaparecida ocupación humana del lugar.

Extraño lugar para vivir. Queneto está sobre una zona aluvial, en medio de una quebrada. Quizá esta ubicación y los fenómenos climatológicos ocurridos a lo largo de los siglos, expliquen qué ocurrió con los segmentos perdidos del camino inca con base de piedra que por partes se ve en la zona. Son huellas que investigadores y turistas quieren conocer.

Camino al andar.

Llegar siempre fue difícil y Cubas Neyra, poblador de la zona, lo sabe. “Antes había incomodidad para ir en bicicleta o en carro porque esta trocha tenía muchos huecos y el camino era muy angosto”.

Los campesinos sufrían para sacar sus productos hasta la carretera Panamericana y llevarlos a los mercados de Virú y Trujillo. Por esto se organizaron en un núcleo ejecutor y solicitaron apoyo económico y técnico al Fondo Nacional de Compensación y Desarrollo Social (Foncodes) para mejorar la trocha carrozable.

María Tiznado Jáuregui y sus cuatro hijos vive en una de las casas ubicadas junto a la trocha. “Los trabajos se hicieron con la ayuda económica de Foncodes. Las trochas quedaron en perfectas condiciones. Ahora hasta pasan carros pesados a Carabamba”, asegura.

La trocha beneficia a los pobladores de San Juan (junto a Queneto), Tomabal, valle Zaraque, La Gloria, El Niño, entre otros. María recordó que en esta zona Foncodes también hizo las piletas de agua. “Ya no tenemos que ir tan lejos hasta el canal a traer agua, ahora el agua está en nuestras casas”, indicó.

Rumbo al Castillo Tomabal.

La trocha, más ancha que la original, lleva al Castillo de Tomabal, construcción con forma piramidal que se levanta sobre cinco plataformas superpuestas asentadas en una base de piedra y adobe.

Su antigüedad va de los 400 años a.C. hasta 200 años d.C., cuando llegaron los moches. Los arqueólogos han encontrado cementerios, nichos empotrados en las paredes de adobe, cerámica y pintura mural.

Para subir al castillo hay estructuras centrales, rampas y caminos laterales. En las paredes de adobe se aprecian figuras geométricas en alto relieve y pintura mural.

El Castillo Tomabal ha vencido al tiempo, al clima y los huaqueos. El mejoramiento de la trocha financiado por Foncodes acerca a los pobladores, turistas e investigadores a los trabajos de estudio y rescate realizados con aporte del Proyecto de Irrigación Chavimochic, cuyo canal madre pasa a un costado de esta construcción; en convenio con el Instituto Nacional de Cultura.

Lorenzo Vasallo Galicia, guardián del INC vive junto al Castillo Tomabal. El asegura que el mejoramiento de la vía ha sido vital para que más gente llegue a esta zona.

Queneto y su enigma.

Sin huecos y con un ancho suficiente como para dar cabida a dos vehículos, la trocha llega a Queneto. En su chacra, junto al camino, María Elena Gamboa Cabrera recuerda que “el mejoramiento de la trocha comenzó desde el ingreso al castillo Tomabal. Trabajaron hombres y mujeres. Mi esposo trabajó duro para dejar el camino como lo ven. Foncodes también nos financió las piletas de agua”.

En 1932 Rafael Larco Hoyle descubrió Queneto y opinó que "aunque se hallaron fragmentos de cerámica tardía, se supone que estas plazoletas fueron construidas en tiempos remotos”.

Larco encontró el templo de Queneto con tres grandes y largas rocas de mayor proporción tiradas en la entrada de dicha quebrada, por lo que pensó que originalmente esos restos tenían posición vertical.

Los denominó los “menhires” y los visualizó como grandes núcleos ecológico-esotéricos. Explicó que las plazas podrían ser un oráculo solar o lunar y su significación religiosa estaría relacionada con las lluvias, los rayos y los truenos.

También podrían estar dedicadas a la fertilidad o al culto fálico. Esta hipótesis surge por la presencia de monolitos con forma alargada que parecen falos. Ambos destacan en la explanada de piedras. Su altura varía desde los 2.70 metros a los 3.30 metros.

Pero hay más. En la zona también pueden verse artísticos y enigmáticos testimonios grabados sobre la superficie de las rocas. Casi mil petroglifos con diseño zoomorfos o simbólicos revelan la antigua presencia de artistas en la zona. Su antigüedad sería de aproximadamente 3,800 años.

Alejandro Reyes Otero

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