Informe
Pobladores
mejoran camino a zona arqueológica de Queneto.
El
vivificante efecto del agua no se ve por ningún lado.
La árida explanada llega hasta la base de los cerros
y está salpicada por rocas de diverso tamaño.
Queneto parece un paraje lunar pero por telúrica
ironía, está en Trujillo, a hora y media al
sur de la Capital de la Primavera.
No siempre fue así. Hay un castillo de adobe que
permite ver todo el Valle de Virú, desconocidos artistas
eternizaron sus impresiones en enigmáticos petroglifos
y algunas esculturas de piedra de gran altura. Son huellas
de una desaparecida ocupación humana del lugar.
Extraño lugar para vivir. Queneto está sobre
una zona aluvial, en medio de una quebrada. Quizá
esta ubicación y los fenómenos climatológicos
ocurridos a lo largo de los siglos, expliquen qué
ocurrió con los segmentos perdidos del camino inca
con base de piedra que por partes se ve en la zona. Son
huellas que investigadores y turistas quieren conocer.
Camino al andar.
Llegar
siempre fue difícil y Cubas Neyra, poblador de la
zona, lo sabe. “Antes había incomodidad para
ir en bicicleta o en carro porque esta trocha tenía
muchos huecos y el camino era muy angosto”.
Los campesinos sufrían para sacar sus productos
hasta la carretera Panamericana y llevarlos a los mercados
de Virú y Trujillo. Por esto se organizaron en un
núcleo ejecutor y solicitaron apoyo económico
y técnico al Fondo Nacional de Compensación
y Desarrollo Social (Foncodes) para mejorar la trocha carrozable.
María Tiznado Jáuregui y sus cuatro hijos
vive en una de las casas ubicadas junto a la trocha. “Los
trabajos se hicieron con la ayuda económica de Foncodes.
Las trochas quedaron en perfectas condiciones. Ahora hasta
pasan carros pesados a Carabamba”, asegura.
La trocha beneficia a los pobladores de San Juan (junto
a Queneto), Tomabal, valle Zaraque, La Gloria, El Niño,
entre otros. María recordó que en esta zona
Foncodes también hizo las piletas de agua. “Ya
no tenemos que ir tan lejos hasta el canal a traer agua,
ahora el agua está en nuestras casas”, indicó.
Rumbo al Castillo Tomabal.
La
trocha, más ancha que la original, lleva al Castillo
de Tomabal, construcción con forma piramidal que
se levanta sobre cinco plataformas superpuestas asentadas
en una base de piedra y adobe.
Su antigüedad va de los 400 años a.C. hasta
200 años d.C., cuando llegaron los moches. Los arqueólogos
han encontrado cementerios, nichos empotrados en las paredes
de adobe, cerámica y pintura mural.
Para subir al castillo hay estructuras centrales, rampas
y caminos laterales. En las paredes de adobe se aprecian
figuras geométricas en alto relieve y pintura mural.
El Castillo Tomabal ha vencido al tiempo, al clima y los
huaqueos. El mejoramiento de la trocha financiado por Foncodes
acerca a los pobladores, turistas e investigadores a los
trabajos de estudio y rescate realizados con aporte del
Proyecto de Irrigación Chavimochic, cuyo canal madre
pasa a un costado de esta construcción; en convenio
con el Instituto Nacional de Cultura.
Lorenzo Vasallo Galicia, guardián del INC vive junto
al Castillo Tomabal. El asegura que el mejoramiento de la
vía ha sido vital para que más gente llegue
a esta zona.
Queneto y su enigma.
Sin
huecos y con un ancho suficiente como para dar cabida a
dos vehículos, la trocha llega a Queneto. En su chacra,
junto al camino, María Elena Gamboa Cabrera recuerda
que “el mejoramiento de la trocha comenzó desde
el ingreso al castillo Tomabal. Trabajaron hombres y mujeres.
Mi esposo trabajó duro para dejar el camino como
lo ven. Foncodes también nos financió las
piletas de agua”.
En 1932 Rafael Larco Hoyle descubrió Queneto y opinó
que "aunque se hallaron fragmentos de cerámica
tardía, se supone que estas plazoletas fueron construidas
en tiempos remotos”.
Larco encontró el templo de Queneto con tres grandes
y largas rocas de mayor proporción tiradas en la
entrada de dicha quebrada, por lo que pensó que originalmente
esos restos tenían posición vertical.
Los denominó los “menhires” y los visualizó
como grandes núcleos ecológico-esotéricos.
Explicó que las plazas podrían ser un oráculo
solar o lunar y su significación religiosa estaría
relacionada con las lluvias, los rayos y los truenos.
También podrían estar dedicadas a la fertilidad
o al culto fálico. Esta hipótesis surge por
la presencia de monolitos con forma alargada que parecen
falos. Ambos destacan en la explanada de piedras. Su altura
varía desde los 2.70 metros a los 3.30 metros.
Pero hay más. En la zona también pueden verse
artísticos y enigmáticos testimonios grabados
sobre la superficie de las rocas. Casi mil petroglifos con
diseño zoomorfos o simbólicos revelan la antigua
presencia de artistas en la zona. Su antigüedad sería
de aproximadamente 3,800 años.
Alejandro Reyes Otero
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