Reportaje
Pobladores
rurales preparados para insertarse en el mercado
En
el Centro Poblado Rural “Quebrada Verde” de
Pachacámac, a 35 kilómetros de Lima, vive
Natalia Baltasar, una adolescente de 17 años que
por falta de recursos económicos en su hogar no ha
sido matriculada este año en el colegio. Su padre,
un peón de chacra, formó otra familia, y su
mamá mantiene la casa lavando ropa.
“Es triste perder el colegio. No tener plata para
la matrícula, para el uniforme, para los pasajes.
Aquí, en ‘Quebrada Verde’, no hay colegio
de secundaria, y para asistir a clases tengo que tomar el
carro o mototaxi”, explica la joven.
Natalia tiene una hermana menor lisiada, y esto entristece
su ánimo. Pero se anima de inmediato al hablarnos
de su reciente graduación como guía de turismo
local de la zona arqueológica de “Quebrada
Verde”, ubicada a unos cuantos metros de su casa.
Ella, al igual que otros once jóvenes del lugar,
fueron capacitados con cursos teóricos prácticos
de historia, caminatas, preservación y aprovechamiento
adecuado de los recursos turísticos de la zona, además
de recibir conocimientos de primeros auxilios.
Los cursos de capacitación de esta promoción
de guías turísticos los financió Foncodes.
“Ahora que estoy preparada para ofrecer mis servicios
como guía de turismo de ‘Quebrada Verde’
tendré la oportunidad de ganar el dinero que tanta
falta me hace. Ahorraré para matricularme el otro
año en el colegio, para mis útiles escolares,
para mis pasajes. Pero también me ilusiono con comprarle
un par de zapatos a mi mamita y un hermoso vestido rojo
a mi hermana menor”, expresa.
Por estos días “Quebrada Verde”, la
zona arqueológica de Pachacámac, de donde
es vecina Natalia, luce de color pardo. De julio a octubre,
sus 305 hectáreas hacen alusión a su nombre,
se viste principalmente de verde y, en algunas zonas, de
color amarillo, por las flores de retama que crecen después
del tiempo de lluvia.
“Quebrada Verde” es una zona de pastoreo preinca.
Natalia nos invita muy animadamente a recorrerla por uno
de los senderos cuya caminata demanda un promedio de tres
horas.
Nos
muestra la zona de andenería preinca, las cuevas
que servían de refugio a los pastores, cuando la
tormenta o la niebla les impedía retornar a sus lugares
de procedencia. Narra la historia de las piedras ubicadas
estratégicamente en el ingreso de los refugios. “Eran
para sacrificar a los animales como una forma de tributo
a la madre tierra, porque, según dicen, sólo
así podía parar la lluvia”, agrega.
“Quebrada Verde” tiene un microclima especial.
La zona tiene historia, colinda con la fábrica de
cementos de Atocongo. “Es un recurso turístico
cerca de Lima que todos deben visitarla y recorrerla”,
agrega la adolescente.
La expectativa de esta joven es compartida por los demás
muchachos de la promoción de guías de turismo
local. La mayoría todavía va al colegio, y
han aprendido que la zona arqueológica tiene que
ser aprovechada adecuadamente para generar recursos a la
población.
Es justamente con ese objetivo que acaban de instalar,
en la zona de ingreso del complejo turístico, un
módulo de atención donde los visitantes tendrán
que pagar su derecho de visita a las lomas de “Quebrada
Verde”, y contratar los servicios del guía.
En ese módulo también se exhiben los souvenirs.
El aprovechamiento que ellos puedan lograr de este potencial
turístico forma parte del proyecto “Promoviendo
con equidad la formación de capacidades productivas
en zonas rurales de Lima”, que financia Foncodes y
ejecutan el movimiento Manuela Ramos y Asesoría,
Consultora y Negocios (Aconsur).
El objetivo de este proyecto es mejorar los ingresos de
la población de los distritos rurales de Lima y Huarochirí,
pertenecientes al Valle de Lurín: Artesanos, trabajadores
del sector turismo y otros productores.
Con esta finalidad se fortalecen las capacidades productivas
y comerciales de los pobladores rurales para una mejor inserción
en el mercado local, nacional e internacional.
MANOS DE ORO
Otra
de las historias que surge de este proyecto es la de un
grupo de artesanos ayacuchanos asentados en Lurín,
tras su huida de la violencia terrorista en los años
80, quienes hoy, gracias a los cursos de capacitación
financiados por Foncodes, venden sus productos a los mercados
inglés, alemán, italiano y norteamericano,
en donde tienen gran demanda.
Organizados en la Asociación de Artesanos Ichimay
Wari, todavía no exportan directamente, sino a través
de intermediarios, pero gracias a los cursos de costos de
producción y diseño ya se sienten capaces
de ofrecer ellos mismos su producción al mercado
exterior.
Obligados a emigrar de su tierra, quisieron recordarla
y a la vez hacer un homenaje a su nuevo hogar, fusionando
en el nombre de su asociación dos palabras quechuas.
Ichimay es el nombre de una diosa de Pachacámac,
el lugar que los acogió, y Wari es la palabra que
designa a su cultura de origen ayacuchano.
“Para exportar, primero tendremos que constituirnos
en una empresa, porque como asociación es imposible”,
explica Emiliano Orellano Castro, en su calidad de presidente
de “Ichimay Wari”, luego de recordar que, en
algunos casos, los cursos han servido para actualizar y
reforzar los conocimientos que individualmente habían
adquirido.
“Se
ha aprendido, por ejemplo, a sacar el precio que se debe
cobrar por cada pieza de artesanía, lo que antes
no sabíamos cómo, sino por simple cálculo.
Gracias a estos cursos también nuestras esposas han
aprendido sobre cómo atender a los clientes, a apoyarnos
en nuestros talleres, lo que antes hacían a regañadientes
o por simple obligación”, anota.
Ichimay Wari está conformado por 13 artesanos propietarios
de talleres de cerámica y tejidos. Hace poco inauguraron
una tienda en el mismo Lurín, donde el proyecto financiado
por Foncodes desempeña el papel asesor en la administración-gestión
y promoción de la parte comercial.
A través de esta tienda, a la que han puesto como
nombre “Qori Maki” (manos de oro) se exponen
los productos elaborados por los beneficiarios del proyecto
en Lurín, Pachacámac y Santo Domingo de los
Olleros.
El día de nuestra visita a “Qori Maki”
encontramos a representantes de una importante refinería
en la zona, interesados en contratar los servicios de los
artesanos para la elaboración de réplicas
de la cultura Pachacámac, con los que piensan adornar
los salones de la empresa.
“Qori Maki” está incluida en el circuito
turístico de “Quebrada Verde”. Su atracción
radica en que es el punto de venta que reúne los
productos de los diferentes artesanos, cuyos talleres de
producción, que también pueden ser visitados,
generan empleo entre vecinos de la zona.
Nimia Requejo Astola
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