Julio 2003
N° 6/ AÑO I
  En el sexto mes del año FONCODES dio un nuevo paso en su trajinar y después de ocho años anunció su intervención en zonas urbano marginales de Lima Metropolitana...
  Foncodes, participó en X Feria Agropecuaria en Huancavelica.

Presentan lineamientos de descentralización y plan de transferencia de Foncodes y Pronaa.

Diez proyectos ejecutará A Trabajar Rural en Tarucachi

Catorce comunidades asumen propiedad de agua potable.

Mas de 1,800 puestos de trabajo generó Foncodes en Ucayali.


     
 

Reportaje

Pobladores rurales preparados para insertarse en el mercado

En el Centro Poblado Rural “Quebrada Verde” de Pachacámac, a 35 kilómetros de Lima, vive Natalia Baltasar, una adolescente de 17 años que por falta de recursos económicos en su hogar no ha sido matriculada este año en el colegio. Su padre, un peón de chacra, formó otra familia, y su mamá mantiene la casa lavando ropa.

“Es triste perder el colegio. No tener plata para la matrícula, para el uniforme, para los pasajes. Aquí, en ‘Quebrada Verde’, no hay colegio de secundaria, y para asistir a clases tengo que tomar el carro o mototaxi”, explica la joven.

Natalia tiene una hermana menor lisiada, y esto entristece su ánimo. Pero se anima de inmediato al hablarnos de su reciente graduación como guía de turismo local de la zona arqueológica de “Quebrada Verde”, ubicada a unos cuantos metros de su casa.

Ella, al igual que otros once jóvenes del lugar, fueron capacitados con cursos teóricos prácticos de historia, caminatas, preservación y aprovechamiento adecuado de los recursos turísticos de la zona, además de recibir conocimientos de primeros auxilios.

Los cursos de capacitación de esta promoción de guías turísticos los financió Foncodes.

“Ahora que estoy preparada para ofrecer mis servicios como guía de turismo de ‘Quebrada Verde’ tendré la oportunidad de ganar el dinero que tanta falta me hace. Ahorraré para matricularme el otro año en el colegio, para mis útiles escolares, para mis pasajes. Pero también me ilusiono con comprarle un par de zapatos a mi mamita y un hermoso vestido rojo a mi hermana menor”, expresa.

Por estos días “Quebrada Verde”, la zona arqueológica de Pachacámac, de donde es vecina Natalia, luce de color pardo. De julio a octubre, sus 305 hectáreas hacen alusión a su nombre, se viste principalmente de verde y, en algunas zonas, de color amarillo, por las flores de retama que crecen después del tiempo de lluvia.

“Quebrada Verde” es una zona de pastoreo preinca. Natalia nos invita muy animadamente a recorrerla por uno de los senderos cuya caminata demanda un promedio de tres horas.

Nos muestra la zona de andenería preinca, las cuevas que servían de refugio a los pastores, cuando la tormenta o la niebla les impedía retornar a sus lugares de procedencia. Narra la historia de las piedras ubicadas estratégicamente en el ingreso de los refugios. “Eran para sacrificar a los animales como una forma de tributo a la madre tierra, porque, según dicen, sólo así podía parar la lluvia”, agrega.

“Quebrada Verde” tiene un microclima especial. La zona tiene historia, colinda con la fábrica de cementos de Atocongo. “Es un recurso turístico cerca de Lima que todos deben visitarla y recorrerla”, agrega la adolescente.

La expectativa de esta joven es compartida por los demás muchachos de la promoción de guías de turismo local. La mayoría todavía va al colegio, y han aprendido que la zona arqueológica tiene que ser aprovechada adecuadamente para generar recursos a la población.

Es justamente con ese objetivo que acaban de instalar, en la zona de ingreso del complejo turístico, un módulo de atención donde los visitantes tendrán que pagar su derecho de visita a las lomas de “Quebrada Verde”, y contratar los servicios del guía. En ese módulo también se exhiben los souvenirs.

El aprovechamiento que ellos puedan lograr de este potencial turístico forma parte del proyecto “Promoviendo con equidad la formación de capacidades productivas en zonas rurales de Lima”, que financia Foncodes y ejecutan el movimiento Manuela Ramos y Asesoría, Consultora y Negocios (Aconsur).

El objetivo de este proyecto es mejorar los ingresos de la población de los distritos rurales de Lima y Huarochirí, pertenecientes al Valle de Lurín: Artesanos, trabajadores del sector turismo y otros productores.

Con esta finalidad se fortalecen las capacidades productivas y comerciales de los pobladores rurales para una mejor inserción en el mercado local, nacional e internacional.

MANOS DE ORO

Otra de las historias que surge de este proyecto es la de un grupo de artesanos ayacuchanos asentados en Lurín, tras su huida de la violencia terrorista en los años 80, quienes hoy, gracias a los cursos de capacitación financiados por Foncodes, venden sus productos a los mercados inglés, alemán, italiano y norteamericano, en donde tienen gran demanda.

Organizados en la Asociación de Artesanos Ichimay Wari, todavía no exportan directamente, sino a través de intermediarios, pero gracias a los cursos de costos de producción y diseño ya se sienten capaces de ofrecer ellos mismos su producción al mercado exterior.

Obligados a emigrar de su tierra, quisieron recordarla y a la vez hacer un homenaje a su nuevo hogar, fusionando en el nombre de su asociación dos palabras quechuas. Ichimay es el nombre de una diosa de Pachacámac, el lugar que los acogió, y Wari es la palabra que designa a su cultura de origen ayacuchano.

“Para exportar, primero tendremos que constituirnos en una empresa, porque como asociación es imposible”, explica Emiliano Orellano Castro, en su calidad de presidente de “Ichimay Wari”, luego de recordar que, en algunos casos, los cursos han servido para actualizar y reforzar los conocimientos que individualmente habían adquirido.

“Se ha aprendido, por ejemplo, a sacar el precio que se debe cobrar por cada pieza de artesanía, lo que antes no sabíamos cómo, sino por simple cálculo. Gracias a estos cursos también nuestras esposas han aprendido sobre cómo atender a los clientes, a apoyarnos en nuestros talleres, lo que antes hacían a regañadientes o por simple obligación”, anota.

Ichimay Wari está conformado por 13 artesanos propietarios de talleres de cerámica y tejidos. Hace poco inauguraron una tienda en el mismo Lurín, donde el proyecto financiado por Foncodes desempeña el papel asesor en la administración-gestión y promoción de la parte comercial.

A través de esta tienda, a la que han puesto como nombre “Qori Maki” (manos de oro) se exponen los productos elaborados por los beneficiarios del proyecto en Lurín, Pachacámac y Santo Domingo de los Olleros.

El día de nuestra visita a “Qori Maki” encontramos a representantes de una importante refinería en la zona, interesados en contratar los servicios de los artesanos para la elaboración de réplicas de la cultura Pachacámac, con los que piensan adornar los salones de la empresa.

“Qori Maki” está incluida en el circuito turístico de “Quebrada Verde”. Su atracción radica en que es el punto de venta que reúne los productos de los diferentes artesanos, cuyos talleres de producción, que también pueden ser visitados, generan empleo entre vecinos de la zona.

Nimia Requejo Astola

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