Informe
| Foncodes: |
Doce
años llevando desarrollo
a
los lugares más pobres
|
A
mediados de mayo, un deslizador con cinco personas a bordo
navegó ocho horas por los ríos Amazonas, Marañón
y Tigre. La meta era Monteverde, una comunidad de 28 casas
en la selva loretana. Allí, los técnicos debían
inspeccionar un sistema de energía fotovoltaica financiado
por Foncodes.
La noche no preocupaba al motorista. Confiado, conducía
el deslizador con una mano porque con la otra sostenía
un faro cuya luz iluminaba la superficie de la “serpiente
de agua”. “Monteverde está cerquita.
Algunas localidades están a 17 horas en deslizador,
otras a más de 30”, afirmó sonriendo.
Foncodes fue creado el 15 de agosto de 1991 mediante D.L.
657 y desde entonces, sus ingenieros, técnicos, supervisores
y promotores han llegado a los lugares más recónditos
del Perú. Foncodes es actualmente un organismo público
descentralizado del Ministerio de la Mujer y Desarrollo
Social (Mimdes).
En sus doce años de existencia, Foncodes ha funcionado
como una institución descentralizada que ha llegado
más lejos que nadie para cumplir su meta fundacional:
mejorar las condiciones de vida y dar empleo a los pobladores
más pobres del Perú. Hace ocho años
concentró su atención en las zonas rurales,
pero hace poco, por una decisión gubernamental, está
reorientando sus recursos hacia las zonas urbano-marginales,
donde la pobreza golpea fuertemente.
Mil 213 millones
Hasta ahora, Foncodes ha canalizado mil 213 millones de
dólares provenientes del Tesoro Público y
de la cooperación internacional.
El 82 por ciento de la inversión (996 millones de
dólares) se destinó a obras de infraestructura
social y económica.
Por este empeño, los pobladores de La Central, en
Arequipa, cuentan con agua potable en sus casas las 24 horas
del día. La luz eléctrica que usan los habitantes
de la comunidad nativa de Monteverde, en Loreto, proviene
de un sistema de energía fotovoltaica y los agricultores
de Muy Finca, en Lambayeque, siembran en parcelas desalinizadas.
Sólo por mencionar algunos ejemplos de obras que
en la ciudad pueden parecer pequeñas (por el monto
de inversión) pero que en el campo los pobladores
saben del enorme beneficio que trae a sus vidas.
Una fortaleza de la institución es el bajo costo
administrativo. Kathrin Plangemann, economista del Banco
Mundial, destaca el hecho de que Foncodes destine apenas
el 8% del presupuesto que recibe a gastos administrativos.
Pero tan importante como gastar la mayor cantidad de recursos
presupuestales directamente en inversión, es la focalización,
es decir, que el dinero vaya efectivamente donde más
se necesita. La focalización aplicada por el Fondo
aseguró que el 86.7% de esos mil 213 millones de
dólares lleguen a los pobres.
A la eficiencia y focalización se unió el
núcleo ejecutor. Esta organización, formada
por los vecinos de la comunidad beneficiada, contrata, paga
y supervisa la construcción de la obra.
Menos pobreza y más democracia
Tanta inversión ha dado sus frutos, aunque no de
la magnitud deseada. En los lugares donde Foncodes financió
obras, la pobreza ha retrocedido. Si bien no se puede afirmar
que ello se deba sólo a Foncodes, sí se puede
afirmar que el Fondo ha contribuido de manera importante.
Comparando datos del censo de 1993 con los obtenidos por
la Encuesta Rápida de Hogares (ERH) realizada por
la institución entre abril y mayo de este año,
se comprueba que la pobreza rural calculada en base a las
necesidades básicas insatisfechas disminuyó
de 90.5% a 68.8% y la pobreza extrema (por NBI) también
disminuyó de 57.7% a 32.2%
El 44% de hogares rurales accede a una red pública
de agua, 72% consume agua potable por piletas u otros sistemas,
57% accede a sistemas de desague y un 28% de pobladores
rurales accede a sistemas de electricidad. Pero aún
hay mucho camino por recorrer. La pobreza no monetaria aún
afecta al 68% de los pobladores rurales.
La intervención de Foncodes en la zona rural también
impulsó logros que, si bien son menos visibles que
los mencionados, son importantes para el futuro de las comunidades
rurales y para la sostenibilidad de las obras.
En este momento, por ejemplo, Ana Amelia Miñán
Míñope, ama de casa de Monsefú, en
Chiclayo, está dirigiendo a una cuadrilla de 12 mujeres
y un hombre que limpia el dren del distrito. En Mazuko,
capital del distrito de Inambari, en Puerto Maldonado, tres
mujeres ofrecen los servicios de albañilería
que aprendieron en los períodos de capacitación
que organizó Foncodes.
A lo largo del país, hombres y mujeres, de igual
a igual, participan en asambleas comunales para decidir
qué obra necesita el pueblo como paso previo para
solicitar apoyo financiero a Foncodes. La participación
democrática se repetirá después para
elegir al núcleo ejecutor, donde muchos hombres eligen
a mujeres como presidentes y tesoreros.
La movilización de este capital social es un logro
silencioso pero sin duda, uno de los más importantes
que ha alcanzado la institución en sus doce años
de lucha contra la pobreza.
Alejandro Reyes Otero
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