| |
Reportaje
| Puentes y caminos : |
Seguridad y rapidez para el desarrollo |
Con dinamita, maquinaria y brigadistas del programa "Mejorando Tu Vida", se hizo la trocha carrozable San Marcos de Rocchac - Montecolpa, en la provincia de Tayacaja, Huancavelica; una de las regiones más pobres del Perú.
Durante años los pobladores no pudieron sacar sus cosechas para venderlas por falta de caminos. "Era un problema porque el 80% de los ingresos provienen de la agricultura y el 20% de la ganadería", reveló el alcalde Hugo Llulluy.
Caminos al futuro
Una trocha atraviesa áridos terrenos, húmedas pampas o bosques vírgenes para que la gente se traslade con rapidez y seguridad.
Foncodes, Unidad Ejecutora del Mimdes, financió la construcción de 135 proyectos de trochas en el 2003 invirtiendo 21 millones 391 mil soles. Las obras beneficiaron a 298 mil 840 pobladores de 15 departamentos. Ayacucho, una región del llamado Triángulo de la Pobreza, recibió la más alta inversión del rubro: 4 millones 543 mil 046 soles para 11 proyectos.
La trocha Huancachaca - Cochapampa, en Aparicio Pomares, Huánuco; tiene 3.4 kilómetros y 22 la de Curampa - Pichiupampa en Chincheros, Apurímac. Al margen de su extensión, las trochas financiadas por Foncodes están en zonas rurales y agilizan el transporte y el comercio.
"Demorábamos cinco horas sacando a pie nuestros productos a la carretera. Hoy demoramos media hora usando carros", comenta Sixto Loarte, poblador de Parara, refiriéndose a la trocha Chinchuragra - Cochacán, en el distrito de Cayrán, Huánuco.
En el distrito Daniel Alomía Robles de Huánuco, el programa "A Trabajar Rural" reparó 20 kilómetros de trochas y facilitó que diez comunidades selváticas se conectaran a las carreteras Fernando Belaúnde y Federico Basadre, las más importantes del oriente. Ahora, los pobladores sacan sus plátanos, papayas y café a la trocha y los llevan a Lima por la Carretera Central.
Caminos seguros
Por la presencia de ríos y quebradas, una trocha implica con frecuencia hacer un puente carrozable. La trocha Curampa - Pichiupampa, en Apurímac, tiene 22 kilómetros y su puente 11 metros de largo.
Foncodes también financió la construcción de 123 proyectos de puentes carrozables invirtiendo diez millones 938 mil 332 soles para beneficiar a 354 mil 266 personas.
Los puentes carrozables Tuquimayo y Mayohuanto, en el valle del río Inambari, fueron financiados por el Foncodes, el municipio y los pobladores, que ahora venden sus productos en Puno y Juliaca.
Los puentes ofrecen mayor seguridad a los viajeros. En el distrito de Santa Rosa, Ayacucho, el puente Curincari evita que los pobladores arriesguen su vida cruzando el río cuando está crecido o cuando los huaycos impiden el paso de vehículos.
El mantenimiento de trochas y carreteras prolonga la utilidad y seguridad de los caminos. Las trochas rurales están fuera de cualquier sistema de mantenimiento oficial y no puede ponerse peaje. Entonces la comunidad asume su rol.
Al inaugurar la trocha que une las comunidades de Sampantuari Nativo y Villa El Salvador, en Kimbiri, La Convención, Cusco; el alcalde Moner Gutiérrez y los vecinos asumieron el mantenimiento de la trocha para alargar su vida útil.
En Huánuco, los pobladores recibieron un módulo de herramientas para mantener la trocha, tal como se previó en el proyecto.
Caminos al pasado
Los caminos y puentes financiados por Foncodes también conducen a monumentos arqueológicos y a bellos parajes como el Lago Valencia, en Puerto Maldonado. Una trocha de 40 kilómetros unirá la ciudad con el lago, que tiene hermosos paisajes y gran biodiversidad. Antes solo se llegaba por río pero el viaje era largo y peligroso.
En Trujillo, los pobladores rehabilitaron la trocha que lleva a Queneto, donde un castillo de adobe vigila el valle de Virú; se ven partes del antiguo camino inca así como un grupo de enigmáticos geoglifos y esculturas que revelan una desaparecida ocupación humana.
En Ayacucho, una trocha peatonal parte de la Pampa de la Quinua y llega a Wari. La ruta -de 7 kilómetros- serpentea entre los cerros y comunidades campesinas a 2,800 y los 3,300 metros de altura. Hoy es una ruta obligada para quienes aman la caminata.
Puentes y veredas para la sierra y selva
E l puente peatonal colgante más largo de Puno mide 102 metros y cruza el río Inambari, en Ilave. Está a 20 metros del agua y cables de acero impiden que el viento lo zarandee. Los pobladores lo cruzan sin miedo.
En este valle, Foncodes financió cuatro puentes más para agilizar el transporte de personas y productos. Durante el 2003 el Fondo financió 95 puentes peatonales invirtiendo 6 millones 297 mil soles para beneficiar a 227 mil personas en 13 departamentos.
La mayoría de puentes peatonales son colgantes y están en zonas escarpadas, se apoyan en torres de 12 metros y sus cables de acero sostienen la plataforma peatonal.
Loreto, Cajamarca, Amazonas y Puno se beneficiaron con puentes colgantes pero también Pacarán, en Cañete. Allí, el puente Antahuaya facilita el traslado de vinos producidos artesanalmente. En Cotonia, distrito de Sivia, Ayacucho; un puente colgante reemplaza a puentes hechos con troncos y beneficia a 290 familias de tres comunidades.
Los puentes peatonales incrementan la seguridad. En Junín, los pobladores del valle de Ipoki, en Satipo, usaron durante 20 años un huaro para cruzar el Río Negro. En el intento murieron dos estudiantes.
Culebras de concreto
Hoy los pobladores usan un puente peatonal de 90 metros de largo financiado por Foncodes-La Merced y la Unión Europea. El puente favorece a cinco mil habitantes de Ipoki, Pampa 21, Ipokiari, Villa Luz y Colonia Huanca.
En la sierra, los puentes peatonales colgantes forman parte de una red rural integrada por trochas y puentes carrozables. En la selva la red está integrada por veredas.
Una vereda puede parecer un elemento extraño entre la exuberante vegetación pero es necesaria. Las veredas conectan a las comunidades y los niños llegan rápido al colegio. Con 1.5 metros de ancho, permiten el paso de animales y pequeños vehículos de carga.
El 2003 Foncodes invirtió 10 millones 239 mil soles financiando 90 proyectos de veredas que favorecieron a 30 mil 67 loretanos. La inversión permitió crear 807 empleos temporales.
Los caseríos de Santa Rosa y Dos de Mayo, en la comunidad de Muyuy, Loreto; están unidos por una vereda de dos mil 700 metros de largo que tiene un puente de 250 metros y otro de 120 metros.
"Se evitaron las picaduras de ofidios", afirma Petronila Gárate, secretaria del Núcleo Ejecutores de Muyuy. La seguridad es un elemento clave.
Alejandro Reyes Otero
Enviar esta página
a un amigo

|
|