Reportaje
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Los Ashaninkas del Meteni y su Comunidad de la Esperanza
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La historia de los 236 miembros de la comunidad nativa Asháninka del Meteni es muy dolorosa. La década pasada, los nativos se vieron obligados a dejar su comunidad original e internarse en la selva durante años para evitar los ataques de los terroristas de Sendero Luminoso que intentaban esclavizarlos. Aún así muchos fueron esclavizados.
El año pasado fueron rescatados por la Policía Nacional y ubicados en Meteni, su territorio de origen, a orillas del Río Ene, en el distrito de Río Tambo, en la provincia de Satipo, región Junín.

Su situación era lamentable. Casi la totalidad de los hombres, mujeres y niños de la comunidad presentaban graves problemas de salud y los niños sufrían severos cuadros de desnutrición por lo que aparecían como “niños rubios”.
En su peregrinar por la selva, los asháninkas perdieron la memoria como grupo. Ningún miembro recordaba su nombre, por lo que fue necesario darles nombres para registrarlos. Muchos ignoran qué edad tienen y otros desconocen quiénes son o eran sus padres.
La comunidad fue apoyada de emergencia por el Gobierno a través de diversas obras sociales financiadas y realizadas por unidades ejecutoras del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES).
El Fondo Nacional de Compensación y Desarrollo Social (FONCODES) financió la construcción de un sistema de agua potable, un local comunal y proyectos productivos para que cultiven y críen aves.
En Meteni, el Programa Nacional de Asistencia Alimentaria, (PRONAA), construyó y abastece un comedor popular mientras que el Programa de Apoyo al Repoblamiento (PAR), construye módulos de vivienda. Las tres entidades están adscritas al MIMDES.
Agua para la vida
Llegar a Meteni es toda una odisea. Es un viaje largo de once horas que hay que hacer en dos etapas. La primera etapa, por tierra, comienza en La Merced hasta Mazamari por un camino asfaltado, ampliamente transitado por camiones que trasladan gruesos troncos de madera.
Luego, de noche, hay que proseguir por un camino de herradura hasta Puerto Ocopa y luego a Puerto Chata, en el distrito de Río Tambo.
Puerto Chata es un centro de comercio por donde entran y salen camiones cargados con troncos de madera que cruzan el río Perené sobre anchos botes y desde aquí se abastecen comunidades nativas ocultas en la selva. Es el último punto de contacto con núcleos urbanizados y pese a su importancia, en él la vida acaba a las 9 de la noche, cuando se apaga el generador que da energía al pueblo.
El viaje prosigue a las 6 de la mañana, ahora con la ayuda de un deslizador que se desplaza por el Río Perené y luego por el Río Tambo. La navegación es tranquila y el paisaje selvático impresionante. Dos bases contrasubversivas del Ejército Peruano y una de la Policía Nacional recuerdan un peligro latente: remanentes del grupo terrorista Sendero Luminoso se mueven en la zona.
Al llegar a Meteni, lo primero que ven los visitantes son 30 casas de madera con techo y calamina alineadas en forma de U. Estas casas han sido construidas por el Programa de Apoyo al Repoblamiento (PAR)
Los nativos consumen el agua potable proveniente de un sistema construido con 80 mil 387 soles financiados por FONCODES. El sistema toma el agua de un manantial y la conduce por una tubería de PVC de mil 72 metros de longitud. La tubería cruza la intrincada vegetación selvática, pequeños cerros y bordea precipicios barrosos.
El agua llega a una planta de procesamiento donde se le desarena, se filtra y se potabiliza mediante un método que usa la luz del sol y las plantas. Luego sigue su recorrido hasta llegar a un reservorio desde donde se distribuye a las 30 familias de la comunidad mediante cinco piletas públicas.
Los nativos están contentos con este servicio. Las mujeres van a las piletas para recoger el agua para cocinar y las transforman en improvisadas duchas para bañar a sus hijos.
El agua de las piletas contribuye a erradicar las enfermedades gastrointestinales que los nativos sufren al consumir agua de río o de pozos estancados, limpia sus cuerpos y los refresca en las calurosas tardes de la selva.
En la parte central de la comunidad destaca el local comunal que es utilizado como escuela. Es una construcción en la que FONCODES invirtió 60 mil 370 soles. Es de un solo piso y tiene un depósito multiuso y dos letrinas.
Todos los días, unos 37 pequeños de 7 a 13 años llegan a este ambiente para aprender a leer y escribir en el Centro Educativo de Gestión Municipal Meteni, creado a iniciativa del alcalde distrital de Río Tambo, Santiago Condoricón Antúnez.
Cuenta con una pizarra, 20 carpetas bipersonales y un pupitre. Carlos Wongtem Pérez, ingeniero residente del FONCODES, cuenta que los niños muestran empeño para aprender y ya entonan el himno nacional en su lengua.
“El reto es que el profesor permanezca en la escuela. Es una persona valiosa por su dedicación a los niños, porque es bilingüe y porque como nativo, es aceptado por la comunidad”, precisa.
Comunidad de la esperanza
Meteni está rodeada por árboles leñosos, hierba y por las nuevas plantaciones de maíz, yuca, plátanos y frijoles que se instalaron como parte de los proyectos productivos financiados por FONCODES, invirtiendo 30 mil soles en seis meses.
Cubierto por su cushma crema con rayas marrones, David Velásquez Sarastizaga, un nativo de 21 años, nos dice que conoce la comunidad de Meteni desde que su padre era dirigente de la central Asháninka del Río Ene.
David trabaja en la municipalidad de Puerto Ocopa y además es fiscal del núcleo ejecutor de Meteni para los proyectos productivos.
“El proyecto productivo cuenta con tres cuadras de plátano, dos de yuca y dos de frijoles. Toda la comunidad compuesta por 30 familias trabaja en las plantaciones. Nos reunimos temprano y hacemos el rozo, la quema, el poseado y el plantado”.
Los frutos están a la vista. Hacia el este, en una quebrada de casi 30 metros de profundidad, los nativos cultivan maíz con asistencia técnica del FONCODES. Los plantones tienen casi metro y medio de altura y pronto empezarán a llenarse de mazorcas. Lo mismo ocurre con las plantaciones de plátanos y yucas. La firmeza y el color revelan el cuidado que reciben de los nativos.
Carlos Wongtemp señala que estos proyectos “buscan aumentar la disponibilidad de plátano y yuca. Los nativos ya han cosechado frijoles y los consumieron frescos y cosidos. Ahora están secando una parte de las cuatro hectáreas que cosecharon. Un proyecto con pollos está destinado a mejorar su consumo de proteínas”.
David señala que cada familia de la comunidad ha recibido 15 pollos. “Los criamos en galpones construidos con asesoría de FONCODES. Les damos maíz, comejen y alimentos concentrados”.
Condiciones para el desarrollo pero...
El apoyo estatal ha llegado a Meteni a través del MIMDES, pero hay aspectos que los nativos y el gobierno deberán superar para consolidar a Meteni como una experiencia piloto de desarrollo, replicable, con todas las limitaciones presupuestales, en el mundo indígena.
Deberá enfrentarse adecuadamente la barrera cultural. Los asháninkas del Meteni no hablan castellano y esto dificulta la asistencia técnica y la coordinación de trabajos en las parcelas.
Los nativos tienen la costumbre de abandonar la comunidad por dos o tres días para ir a pescar y cazar. En estos períodos, la comunidad y las parcelas están a cargo de las mujeres, que además deben cocinar y cuidar a los niños.
Las obras de infraestructura necesitan mantenerse. Ante la inclinación de los nativos adultos por la caza y la pesca, se deberá capacitar a los adolescentes, aunque en Meteni casi no hay muchos. Es más bien notoria la presencia de adultos y niños. El trabajo agrícola también debe tomar en cuenta a los muy jóvenes, quienes por su asistencia a la escuela pueden estar más propensos al cambio.
La comunidad también deberá sortear la potencial amenaza de sus antiguos verdugos: los remanentes del grupo terrorista Sendero Luminoso. Están en la zona, cerca de Meteni, y por las noches disparan contra el puesto policial.
El trabajo y quizá la existencia de la comunidad no sería posible sin la presencia sigilosa y contundente de un grupo especial de la Policía Nacional situado cerca de Meteni. Los policías repelen los disparos y salen a patrullar para impedir que los terroristas ingresen al terreno que antes asolaron.
El Ejército Peruano también da su apoyo invalorable para mantener a raya a los terroristas. Sus bases permiten controlar el movimiento de los sediciosos en la zona y prestan auxilio cuando es necesario. Hace falta, por parte de los nativos de Meteni, una participación mucho más activa en su propia seguridad. |
Alejandro Reyes Otero
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