Reportaje
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COMUNIDAD CAMPESINA DE CCOLLOTA:
EL PROGRESO TIENE FORMA DE ZANAHORIA
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Todos los días, cuando el brillante sol serrano asoma por los linderos de sus campos, los comuneros de Ccollota reviven la milenaria costumbre de la minka y cosechan hasta siete toneladas de zanahorias cultivadas en parcelas situadas al pie de los cerros.
Los hombres con un pico en la mano, las mujeres junto a los niños y niñas de la comunidad, llevan canastas para sacar las zanahorias de la tierra, luego las empacan en sacos de hasta cien kilos y las envían a los mercados de Ica y Lima. Tan solo un año atrás, la historia y las esperanzas eran muy diferentes.
Ccollota es una comunidad campesina ubicada en el distrito de Vinchos, dos horas al oeste de Huamanga, en Ayacucho. Además de zanahorias, los comuneros cultivan habas y maíz para su consumo y vacas para vender parte de la leche y la carne.
La tecnología
Desde siempre, los comuneros han dependido del agua de un canal que discurre en la parte alta del cerro para regar sus parcelas. Pero los problemas empezaron cuando el agua empezó a escasear.
Lenta pero inexorablemente, las tierras que la comunidad tenía bajo riego empezaron a disminuir y parte de las 20 familias que integran la comunidad, dejaron de cultivar. La producción empezó a disminuir.
En esta situación estaban cuando solicitaron y consiguieron que el Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (FONCODES), Programa Nacional del ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES), les financiara un sistema de riego por aspersión invirtiendo 88 mil 480 soles.
Con el dinero en la mano, Cirilo López Bautista, comunero elegido como presidente del núcleo ejecutor de Ccollota, se dedicó a materializar la obra.
“El proyecto tiene varias partes. Primero revestimos los viejos canales de tierra con concreto para evitar que el agua siga filtrándose y su volumen disminuya a lo largo del recorrido del canal. También construimos dos reservorios que instalamos en zonas desde donde podía beneficiarse a toda la comunidad. Finalmente, adquirimos mangueras y los aspersores del sistema”.
Organizados y dirigidos por el núcleo ejecutor y con la asistencia técnica del FONCODES, los pobladores de Ccollota revistieron los canales, construyeron los reservorios y ahora manejan el sistema. Su trabajo les deparó un doble beneficio: Pronaa les pagó con alimentos por su trabajo diario y obtuvieron un sistema de riego tecnificado.
El sistema usa mangueras anchas para captar el agua de los canales y la dirige a los reservorios. Desde allí se distribuye usando motobombas y mangueras más pequeñas, situadas cerca de las parcelas de los comuneros. En estas mangueras se conectan los aspersores.
Los aspersores, a su vez, recogen el agua y la lanzan sobre las chacras en forma de pequeñas gotitas, como pulverizándola. Esto permite que el agua cubra una gran extensión de terreno, refresque la parte externa de las plantas y humedezca la tierra sin desperdiciar agua, como ocurre con el riego por inundación.
“Con el riego por aspersión estamos sembrando en las 30 hectáreas de la comunidad y más familias han retornado a sus actividades agrícolas”, reveló satisfecho Cirilo López Bautista.
La historia
Las mejoras que benefician a los pobladores de Ccollota son el resultado de una intervención conjunta desarrollada por diversos organismos del Estado a través del proyecto PER 6240, cuyo objetivo fue mejorar la seguridad alimentaria mediante el manejo sostenible de los recursos escasos.
También participaron PRONAA, INFES y se contó con la ayuda alimentaria del Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Los comuneros recibieron entrenamiento por parte del Programa Nacional de Manejo de Cuencas (Pronamachcs), que les entregó semillas y los capacitó en manejo de suelos. Hasta aquí la técnica.
Cuando el sistema estuvo terminado, la historia entró en acción para ayudar a los comuneros a conseguir y mantener buenos resultados. La tradicional organización andina alrededor del agua facilitó que se formara una junta de regantes que administra el sistema.
“Los aspersores del sistema van a las chacras de todos los campesinos siguiendo un cronograma establecido por el comité de regantes. Cada comunero tiene los aspersores durante cinco horas y luego se llevan a otra chacra. Así todos nos beneficiamos”, explica Cirilo López.
La cultura de la comunidad también se manifiesta cuando los comuneros organizan una minka para cosechar la parcela que está lista. “Establecemos turnos para cosechar según la producción de los terrenos. Los agricultores, las mujeres, niños y niñas de la comunidad se trasladan de chacra en chacra para participar en la cosecha y post cosecha de las zanahorias”, explica Cirilo.
Mientras los varones sacan el producto, la mayoría de mujeres deshojan y seleccionan las zanahorias de acuerdo al tamaño a fin de que sea uniforme. Luego las lavan en un canal y las colocan en sacos de 100 kilos, listas para el mercado.
Los ingresos han aumentado. Cirilo no sabe cuánto más están ganando los comuneros aplicando este sistema pero algunos indicadores permiten concluir que el cultivo de zanahorias se ha convertido en un negocio rentable.
Primero, las cosechas son más grandes y más frecuentes. “Todos los días los camiones llegan hasta las chacras a cargar las zanahorias”, afirmó Cirilo.
Otro indicador de que el cultivo de zanahorias marcha bien, es que los campesinos solicitaron a FONCODES que les financie la construcción de una trocha que los lleve directamente a la Vía Los Libertadores, el camino más corto a los mercados de Lima e Ica.
El negocio les ha dado confianza y ha introducido en ellos la mentalidad de empresario. “Hemos visto que los aspersores del proyecto se han quedado chicos. Ya hemos visto otros más grandes que vamos a comprar con lo que ganemos”, señala Cirilo López, presidente del núcleo ejecutor que materializó el sistema de riego por aspersión de Ccollota.
Elizabeth Quispe Taco – Alejandro Reyes Otero
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